La sala Deskomunal, espacio cultural y cooperativo situado en el barrio de Sants, ha anunciado que cesará su actividad a finales de 2026 tras más de una década de funcionamiento. El proyecto ha comunicado su decisión a través de sus canales oficiales, donde señala la inviabilidad económica como principal motivo del cierre en el contexto actual de Barcelona.
Desde la organización explican que el incremento sostenido de los costes, especialmente en alquileres y suministros, junto con las dificultades para mantener una programación cultural estable, han hecho insostenible el modelo. Deskomunal ha sido durante años un espacio de referencia para la música en directo y la cultura alternativa, con una programación centrada en propuestas emergentes y de carácter comunitario.
El cierre también evidencia la situación de vulnerabilidad de los espacios culturales independientes en la ciudad. Según trasladan desde el propio proyecto, la falta de mecanismos estructurales de apoyo y la presión del mercado inmobiliario han dificultado la continuidad de iniciativas que no responden a lógicas comerciales tradicionales.
El cierre de La Deskomunal no puede leerse como un hecho aislado, sino como la expresión de un modelo de ciudad que Jaume Collboni está consolidando: una Barcelona cada vez más hostil para los proyectos culturales arraigados, cooperativos y de barrio, mientras se allana el camino a los grandes intereses económicos y a una ciudad más uniforme, cara y despersonalizada. Que una sala de Sants con más de mil conciertos acogidos en cinco años y más de 25.000 asistentes solo en 2025 acabe anunciando su final tras denunciar inspecciones continuas, multas y una relación asfixiante con la administración retrata con crudeza una política municipal que no protege la cultura de base, sino que la desgasta hasta expulsarla.
