La verbena de San Juan, tradicionalmente marcada por el fuego, los petardos y las celebraciones en la calle, incorpora cada vez más productos pirotécnicos de baja sonoridad en Barcelona y otros puntos de España. Estos petardos, que reducen el ruido sin eliminar los efectos visuales, se consolidan como una alternativa para hacer la fiesta más respetuosa con las personas sensibles al sonido, especialmente personas con Trastorno del Espectro Autista, y con los animales de compañía.
El crecimiento de esta opción refleja un cambio en los hábitos de consumo. La empresa La Traca, una de las pioneras en este tipo de artículos, impulsó su gama de petardos de baja sonoridad en 2020 y prevé que este año representen el 65% de sus ventas. La cifra supera el 60% registrado en 2025 y el 55% de 2024, lo que muestra una tendencia sostenida hacia productos menos ruidosos.
La demanda también está vinculada a la preocupación creciente por el impacto del ruido durante la noche de San Juan. Cada año, familias con personas especialmente sensibles al sonido y responsables de animales alertan de las consecuencias de los estruendos, que pueden generar miedo, ansiedad, desorientación y estrés. Los petardos silenciosos se presentan como una vía intermedia entre la continuidad de la tradición festiva y la reducción de sus efectos más perjudiciales.
Estos productos mantienen los destellos, colores y efectos luminosos característicos de la pirotecnia, pero disminuyen de forma notable la intensidad sonora. Su expansión abre paso a un modelo de celebración que conserva el componente popular de la verbena, pero adapta sus prácticas a una sensibilidad social más amplia sobre el derecho al descanso, el bienestar animal y la inclusión de personas con necesidades sensoriales específicas.
