A punto de desaparecer un huerto urbano único en el Gòtic, símbolo de sostenibilidad y comunidad en el barrio

Desde junio el huerto ha sido objeto de intervención: el centro cívico solicitó la retirada de parte del montaje y eliminar todo rastro del proyecto antes de diciembre.

huerto urbano gotic

Desde 2023 existe un espacio único en el Gòtic (y en Barcelona): un huerto urbano con voluntad transformadora. Un lugar de experimentación y búsqueda de opciones sostenibles y accesibles para luchar contra la emergéncia climática desde las azoteas y los balcones de nuestras casas, que ahora está a punto de desaparecer.

A través de su iniciativa en el Centre Cívic Pati Llimona, Christopher Hepp ha creado un huerto donde no solo planta verduras sobre una azotea, sino que propone explorar cómo los barrios pueden convertirse en reductos de sostenibilidad urbana. El huerto funciona como un laboratorio donde se prueban técnicas de purificación y reutilización del agua de lluvia, sistemas de cultivo adaptados a espacios reducidos como balcones o azoteas, y métodos para reducir nuestra huella ecológica. Con talleres y monográficos impartidos dentro de la programación del Centre Cívic, el huerto se convierte además en un espacio didáctico y de sensibilización sobre la crisis climática, que promueve autonomía alimentaria y cohesión comunitaria, un lugar en el que lo local enlaza con lo global.

Hepp lleva años desarrollando este proyecto exitoso en el Pati Llimona, ha invertido incontables horas para lograr un espacio singular, ha abierto el espacio al vecindario y, en colaboración con la Universidad, extendido el impacto a ámbitos académicos. Sin embargo, ese impulso está ahora en riesgo: el huerto está al borde de desaparecer.

Desde junio el huerto ha sido objeto de intervención: el centro cívico solicitó la retirada de parte del montaje, y se informó a Hepp de que deberá eliminar todo rastro del proyecto antes de diciembre. A día de hoy no se ha dado a la comunidad una justificación clara a nivel institucional, ni se ha ofrecido una alternativa que preserve el valor comunitario y climático del huerto.

Para los vecinos, resulta incomprensible que, en pleno casco histórico, donde el efecto isla de calor se intensifica, la densidad urbana limita los espacios verdes y la emergencia climática necesita respuestas inmediatas, se deje caer un proyecto que reúne justamente esas respuestas. Su creador recuerda que no solo se trata de un huerto, sino de un espacio de resiliencia urbana, de soberanía alimentaria, de tejido comunitario.

En este contexto, los defensores del huerto aseguran que no existe una cuestión de presupuesto o complejidad técnica, «sino de voluntad institucional» y se preguntan por qué se está dejando desaparecer «un ejemplo comunitario de resistencia frente a la vulnerabilidad ambiental».

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