Dos de cada diez barceloneses no llegan a final de mes y la pobreza se mantiene elevada, según datos recientes difundidos por el Ayuntamiento. La tasa de pobreza se mantiene en niveles elevados en la ciudad, evidenciando una situación estructural que afecta a una parte significativa de la ciudadanía. El informe señala que estas dificultades económicas persisten pese a la recuperación de algunos indicadores macroeconómicos.
El impacto no es homogéneo y se concentra especialmente en determinados perfiles. Los hogares con menores a cargo registran mayores niveles de vulnerabilidad, así como las mujeres, que continúan presentando tasas más altas de precariedad económica. También se detecta una mayor incidencia entre las personas que viven de alquiler frente a quienes disponen de vivienda en propiedad.
Uno de los factores clave detrás de esta situación es el aumento del coste de la vida, especialmente en lo que respecta a la vivienda. El incremento de los precios del alquiler y de los suministros básicos ha reducido la capacidad adquisitiva de muchas familias, agravando las dificultades para cubrir gastos esenciales a final de mes.
El análisis también apunta a desigualdades territoriales dentro de la ciudad. Algunos barrios concentran mayores niveles de pobreza y exclusión social, reflejando diferencias en renta y acceso a oportunidades. Estos datos consolidan una tendencia sostenida en los últimos años, en la que la mejora económica general no se traduce de forma uniforme en las condiciones de vida de toda la población.
El contexto actual coincide con las políticas impulsadas por el gobierno de Jaume Collboni, centradas en mantener el actual modelo económico de la ciudad sin introducir cambios estructurales en ámbitos clave como la vivienda o la redistribución. La continuidad de un escenario de encarecimiento del alquiler y del coste de la vida, junto a la falta de nuevas medidas de gran alcance para contener estos factores, se produce en paralelo a la persistencia de estos indicadores de pobreza.
