En la Esquerra de l’Eixample de Barcelona, la presencia de bloques de pisos controlados por fondos de inversión ha experimentado un crecimiento del 40 % en los últimos doce meses, pasando a 68 fincas bajo estos propietarios, según un estudio presentado por la Asociación de Vecinos de la zona. La investigación también identifica 867 edificios de propiedad vertical que están en riesgo de caer en manos de fondos, lo que podría acelerar procesos de desalojo y transformación de viviendas en colivings o alquileres temporales.
El informe, fruto de meses de trabajo sobre el terreno, señala que esta tendencia afecta de manera particular a personas con ingresos moderados o bajos, incluyendo quienes viven de alquiler con contratos antiguos o más estables. Más del 47 % de los vecinos de la zona viven de alquiler y en más de un tercio de los hogares solo reside una persona, lo que deja en evidencia la vulnerabilidad de estos perfiles frente a las prácticas especulativas de los grandes inversores.
Las entidades que han presentado los datos han alertado sobre las consecuencias que este tipo de compra masiva de bloques enteros tiene en la vida comunitaria, poniendo en riesgo la cohesión social y los vínculos vecinales que caracterizan al barrio. La presentación del estudio contó con la participación del Sindicat de Llogateres y el Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya, organizaciones que han insistido en la necesidad de medidas más efectivas para frenar la expansión de estos fondos e impedir que más edificios sean sometidos a procesos de expulsión.
La preocupación se extiende más allá de los números. En edificios emblemáticos como el “Papallona”, donde el vecindario ya se enfrenta a procesos judiciales para evitar desalojos mientras se fragmenta el inmueble para nuevos usos inmobiliarios, se percibe con claridad el impacto de estas operaciones, que transforman no solo la oferta de vivienda sino la vida cotidiana de quienes han vivido en el barrio durante décadas.
