El arranque de 2026 trae consigo un nuevo ciclo de subidas generalizadas de precios en España que impactará en multitud de partidas del consumo cotidiano, desde la vivienda y los suministros hasta productos y servicios básicos. Aunque las previsiones oficiales apuntan a que la inflación media será menor que en 2025, con un IPC interanual más moderado, la realidad del día a día para la mayoría de los hogares sigue marcada por un encarecimiento persistente del coste de la vida.
Uno de los focos centrales de presión sobre los presupuestos familiares es el mercado de la vivienda. Tanto los precios de compraventa como los alquileres han cerrado 2025 en niveles muy elevados y se espera que continúen subiendo en 2026 debido a la persistente escasez de oferta y a la fuerte demanda. Esta dinámica estructural mantiene la vivienda como uno de los principales factores de gasto para hogares con menores ingresos.
Además de la vivienda, diversos servicios básicos también encarecerán su coste este año. Las grandes operadoras de telecomunicaciones han anunciado incrementos en tarifas de telefonía e internet, y peajes o cargos regulados como los de la electricidad sufrirán ajustes que repercutirán en las facturas de los hogares. Estos aumentos, aunque no siempre visibles en las cifras generales de la inflación, representan una carga adicional para los presupuestos familiares.
En paralelo, productos de la cesta de la compra que ya registraron subidas importantes en 2025 seguirán con tendencias alcistas, condicionados por factores climáticos, costes de producción y desajustes estructurales. Aunque algunos elementos como los carburantes o productos energéticos pueden ofrecer alivios puntuales, el conjunto de las subidas mantiene la presión sobre el poder adquisitivo de trabajadores, pensionistas y hogares con menores recursos.
