Tras los atentados de 2017, Ripoll quedó marcado por el trauma y la división. Expertos advirtieron del riesgo de que el odio se instalara, y así ocurrió: Aliança Catalana, liderado por Sílvia Orriols, ha explotado el miedo mediante bulos en redes sociales y políticas excluyentes. La alcaldesa, acusada de recortar servicios públicos —como los 10.000€ destinados a la residencia municipal, ahora buscando financiación de un supermercado—, utiliza ordenanzas para multar la disidencia y censurar expresiones culturales, según denuncian vecinos.
Frente a esto, Teixim Ripoll, una red ciudadana plural, emerge como contrapeso. Con charlas sobre empadronamiento, ayudas sociales y convivencia intercultural buscan combatir la desinformación. «Aliança se alimentó del 17-A, pero no nos definen», afirma Carme Brugarola, impulsora de la entidad. Su objetivo: reconstruir la convivencia mediante el diálogo y acciones como comidas populares o el proyecto Bon dia, que fomenta el saludo entre vecinos de distintas culturas.
La tensión política escaló tras la moción de confianza fallida contra Orriols, pero Teixim insiste en mantenerse al margen de pactos. «Gobierne quien gobierne, seguiremos trabajando por un Ripoll diverso», subraya Brugarola. Mientras, vecinos denuncian el clima de persecución: multas por protestar, censura de carteles en fiestas mayores y un reglamento de empadronamiento que excluye a migrantes.
El desafío es claro: evitar que Ripoll, histórica «cuna de Catalunya», se convierta en símbolo de la extrema derecha. Con cada charla y gesto cotidiano, Teixim Ripoll siembra esperanza. Pero el camino es largo: el odio, alimentado desde el poder, solo se desactiva con verdad y justicia social.