La Unión Europea empieza a aplicar este 12 de agosto su nuevo reglamento sobre envases y residuos de envases, una normativa que busca reducir la generación de residuos, limitar sustancias perjudiciales y extender la reutilización y el reciclaje. Las medidas se desplegarán progresivamente hasta 2030 y años posteriores y afectarán tanto a fabricantes como al comercio, la restauración y las administraciones públicas.
Una de las modificaciones más inmediatas afecta a los PFAS, conocidos como “químicos eternos”, presentes en algunos envases destinados a entrar en contacto con alimentos. Estos productos no podrán comercializarse cuando superen los límites máximos establecidos por la normativa europea. La regulación también obligará a incorporar más material reciclado: a partir de 2030, los envases de PET para alimentos deberán contener al menos un 30% de plástico reciclado, porcentaje que aumentará progresivamente hasta 2040.
Los establecimientos de restauración tendrán que modificar también algunas de sus prácticas. Desde 2027, los bares y restaurantes deberán permitir que la clientela utilice sus propios recipientes para llevarse comida sin aplicar ningún coste adicional. A partir de 2028 tendrán que ofrecer además envases reutilizables para la comida para llevar. Un año después, estos recipientes deberán incorporar información específica sobre su sistema de reutilización.
La regulación también pone fecha al final de varios formatos de usar y tirar. Desde el 1 de enero de 2030 quedará limitada la comercialización de pequeños envases monodosis utilizados para productos como salsas, azúcar, miel, mantequilla o mermelada, que deberán sustituirse por alternativas reutilizables o con menos impacto ambiental. Los envases de transporte y comercio electrónico tampoco podrán superar el 50% de espacio vacío, mientras que la UE implantará nuevos objetivos de reutilización y sistemas de depósito y devolución de envases de bebidas.
